El duelo no se supera: se integra. Un espacio para sostener la ausencia y, poco a poco, volver a habitar tu vida.
Reservar consulta inicial →A veces se espera que “ya estés mejor” cuando por dentro todo sigue en carne viva. El duelo no sigue etapas ordenadas ni tiene fecha de caducidad.
Puede aparecer en oleadas, mezclarse con culpa, con enfado, incluso con alivio. Todo eso tiene cabida aquí, sin que nada de lo que sientas esté mal.
Una tristeza que no da tregua.
Culpa por lo que se hizo o se dejó de hacer.
La sensación de que la vida perdió sentido.
Dificultad para dormir o concentrarte.
Enfado o vacío que no sabes nombrar.
Miedo a olvidar, o a seguir adelante.
Un proceso a tu ritmo, sin fórmulas.
Sin apurarlo. Ponerle palabras a lo que duele es, muchas veces, el primer alivio.
Cada pérdida es única. Miramos qué significaba ese vínculo y qué se rompió contigo.
El objetivo no es olvidar, sino encontrar una forma nueva y sostenible de seguir queriendo a quien ya no está.
Recuperar, a tu ritmo, la posibilidad de seguir viviendo sin sentir que traicionas su memoria.
Sin presión por “pasar página”. Avanzamos a la velocidad que tú puedas.
Aquí caben la rabia, la culpa y hasta el alivio. Nada de lo que sientas está mal.
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